Ella coge fuerte su boli y escribe a toda velocidad para no ponerse a llorar o a gritar.
Nada le parece bien, nada es justo, la vida no es justa, pero nadie sabe lo que piensa, sólo su boli, cómplice de cada letra, cada noche en vela acompañada de millones de hojas heridas y marcadas por el boli y la rabia de sus dedos.
Ellos saben toda la verdad que se esconde detrás de esos ojos mas oscuros que la propia oscuridad.

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